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Tratamiento farmacológico de la fibromialgia

Edición Fibromialgia.nom.es
Fuente Clinica y terapia. Dolor; Revista mexicana de algologia
VOL. V / No. 3 / MARZO-ABRIL / 2007
Autores: Angélica H. Peña Ayala, reumatóloga e investigadora del Departamento de Reumatología del Instituto Nacional de Rehabilitación y Rolando Espinosa Morales, médico internista, reumatólogo y jefe del Departamento de Reumatología del Instituto Nacional de Rehabilitación.(México)

Tratamiento farmacológico de la fibromialgia

Como parte de un plan integral para el manejo de la FM se utilizan fármacos. El objetivo del tratamiento es el alivio sintomático, no la cura de la enfermedad. Los pacientes deben ser plenamente informados sobre las distintas modalidades de terapia existentes con el fin de ajustar un plan terapéutico personalizado dentro de lo posible. Por otra parte, la fatiga y los trastornos de sueño que caracterizan al padecimiento hacen sensibles a las personas a los efectos de resaca de los agentes sedantes. No obstante, el éxito en el tratamiento farmacológico puede conseguirse comenzando con dosis muy bajas, para luego ir incrementándolas hasta lograr el efecto terapéutico deseado, o bien, hasta que aparezcan efectos secundarios inaceptables. El dolor de la FM posee componentes tanto sensitivos como afectivos, y la terapia exitosa debe abordar ambos aspectos.

• Analgésicos simples. El paracetamol es uno de los medicamentos más utilizados por las personas con FM, aunque su eficacia es moderada como monoterapia; los AINE son superiores para mejorar el dolor de estos pacientes. La satisfacción global (eficacia y efectos secundarios) con los AINE es de 63.7%, mientras que con el paracetamol es de 15.9%. Los individuos con sintomatología severa no responden a los analgésicos simples y requieren, por lo tanto, intervenciones más agresivas.
• Analgésicos de acción central. El tramadol, un agonista opioide débil, posee acciones serotoninérgicas y noradrenérgicas, con un resultado eficaz en personas con FM y dolor de ligero a moderado. Inicialmente debe administrarse a dosis bajas, con incrementos graduales y lentos para evitar náuseas y mareos, que generalmente se asocian a dosis más altas. Un ensayo clínico reciente realizado por Bennet y sus colaboradores reporta mejoría del dolor en pacientes tratados mediante una combinación de 37.5 mg y 325 mg de paracetamol vs. placebo, aunque esta mejoría fue evaluada en un periodo corto de tiempo, por lo que requiere estudios con seguimiento a largo plazo.

La utilización de opioides en el manejo del dolor no neoplásico, incluyendo esta enfermedad, es controvertido; no obstante, pese a la falta de ensayos clínicos, estos agentes son de amplio uso y aparentemente generan pocas dificultades relacionadas con prácticas de abuso auténticas. Sin embargo, en caso de elegir opioides es importante evaluar la presencia de factores de riesgo de adicción, incluidos problemas previos con sustancias ilegales y agentes formadores de hábito como las benzodiacepinas, antecedentes de alcoholismo o historia familiar de adicción. En ausencia de tales elementos de riesgo y tras una consulta detallada con los pacientes acerca de los riesgos materiales y beneficios de los opioides, deberá ser decisión tanto del médico como del paciente recurrir a éstos para el tratamiento del dolor refractario.

Finalmente, se deberá elegir entre agentes de acción corta o larga. Las sustancias de acción corta pueden administrarse 30 minutos antes de una sesión de ejercicio u otras actividades físicas o en respuesta al dolor. Gracias a los avances en el entendimiento de los mecanismos fisiológicos y patológicos de la transmisión del dolor, se han podido identificar otros blancos a nivel del sistema nervioso central. Un grupo sueco fue capaz de eliminar el dolor durante un tiempo prolongado infundiendo ketamina, un antagonista de los receptores del N-metil-D-aspartato (NMDA). En un modelo experimental de dolor muscular inducido por solución salina hipertónica intramuscular, la ketamina redujo en forma significativa la intensidad y el tamaño del campo de dolor referido. Posteriormente, Clark y Bennett mejoraron el dolor en un subconjunto de individuos con FM empleando dosis altas de un bloqueante NMDA por vía oral, el dextrometorfano, aunque con efectos secundarios inaceptables a nivel del sistema nervioso central en una proporción sustancial de pacientes.

El ondansetrón, un antagonista de los receptores tipo 3 de la 5-hidroxitriptamina, también demostró eficacia en un pequeño estudio preliminar. A medida que se profundiza en el conocimiento de esta patología surgen nuevas alternativas terapéuticas, muchas de ellas consideradas aún de futuro, como las mencionadas, y otras con resultados esperanzadores, como y-hidroributirato, oxitriptán, antagonistas de receptor D2-dopamina (pramipexole), aunque están sujetas a investigaciones a más largo plazo. Colman y sus colaboradores publicaron recientemente un estudio con pramipexole versus placebo a 14 semanas, con disminución del dolor valorado por medio de una escala visual análoga hasta de 36 vs. 9% en el grupo placebo; también se obtuvo mejoría en cuanto a fatiga, función y estatus global, con buena seguridad y tolerancia.

Un elemento importante de la terapia analgésica es la administración de antidepresivos tricíclicos con acción analgésica. Se ha demostrado que tienen un efecto benéfico en la mayoría de los síntomas de la FM, aunque en diferentes grados; es más evidente para el dolor y sólo reporta mejoría de leve a moderada para fatiga e insomnio. Se ha detectado que los inhibidores de la recaptura de serotonina, en particular aquellos que poseen un componente noradrenérgico (venlafaxina, nefazodona, bupropión), parecen ser más eficaces. Estas sustancias contrarrestan la fatiga, que sigue siendo el síntoma más difícil de tratar farmacológicamente. Los agentes antiepilépticos tales como la gabapentina, topiramato, pregabalina pueden reducir el dolor en la fibromialgia. La pregabalina, específicamente a una dosis de 450 mg/día, es efectiva para reducir la sintomatología dolorosa, los trastornos del sueño y la fatiga en comparación con placebo (con una adecuada tolerancia).




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